LUIS DE GONGORA
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano;
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello.
siguen más ojos que al clavel temprano;
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello:
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lilio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o vïola troncada
se vuelva, mas tú y ello juntamente
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
FRANCISCO DE QUEVEDO
“No he callar por más que con el dedo,
ya tocando los labios, ya la frente,
silencio mandes o amenaces miedo.”
Un lugar especial para Quevedo
hay en mi corazón y en mis estantes,
y un rumor de sonetos elegantes
bulle en mi mente con susurro quedo.
No hubo rincón en su alma para el miedo,
y España y Roma fueron sus amantes;
sus sátiras bruñidas y punzantes
espadas son forjadas en Toledo.
Vio con dolor el desmoronamiento
de las murallas de su patria amada,
y soñó en su moral renacimiento.
Su acusadora voz fue desterrada,
pero siguió elevándose en el viento,
alejada quizás, no silenciada.
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